LA TRADUCCIÓN DE EMOJIS

El lenguaje es una facultad que se encuentra en constante desarrollo. Desde sus inicios como herramienta de comunicación y socialización, esta habilidad ha ido evolucionando a lo largo de los tiempos hasta alcanzar el complejo mecanismo de interacción que es a día de hoy. Por supuesto, esta evolución no se detiene y poco a poco vemos cómo ven la luz nuevas herramientas de comunicación, cómo las incorporamos en nuestro discurso cotidiano y de qué forma marcan nuestras interacciones sociales. Por supuesto, en las últimas décadas, el cambio más importante lo ha supuesto el fenómeno de la globalización y la revolución de la tecnología. Con el tiempo, hemos ido dejando las llamadas telefónicas en un segundo plano y hemos dado mucha más importancia a las comunicaciones virtuales en formato escrito, desde los SMS, pasando por los correos electrónicos y llegando a la mensajería instantánea actual. Un fenómeno muy interesante que ha surgido junto a este tipo de escritura es el del uso de caracteres que expresan emociones o representan ideas. ¿Emojis?, ¿emoticonos? Lo veremos más adelante. Lo cierto es que surgieron como una necesidad, puesto que la imposibilidad de escuchar la entonación de un mensaje o ver la expresión facial de nuestro interlocutor hacía en ocasiones que los mensajes no fueran interpretados correctamente. Por ello empezó a ser habitual añadir un icono en algún lugar del mensaje escrito para transmitir una emoción, una idea o generar una impresión concreta en el receptor de dicho mensaje. En la actualidad, esta modalidad se encuentra plenamente incorporada en todas y cada una de las lenguas, en muchos registros y hasta aparecen contempladas en algunas reglas ortográficas. Tanto es así, que algunas agencias de prestación de servicios lingüísticos, que, claro está, se dedican a la comunicación interlingüística están empezando a concienciarse de su importancia y hasta están ofreciendo servicios relacionados con el uso de estos iconos como parte traducible de un texto. Ahora bien, ¿cómo se llaman estos simpáticos iconos?

En nuestra realidad lingüística como hispanohablantes, convivimos con dos términos que solemos usar indistintamente: emoji y emoticono. Si bien es cierto que desde finales de 2020, la RAE ya considera «emoticono» como sinónimo de «emoji», lo cierto es que el uno es prácticamente el predecesor del otro. Podría decirse que el emoticono fue el primer concepto en entrar en escena. La palabra se formó por composición entre emotion (es. emoción) y icon (es. icono) y aludía a símbolos dibujados con los signos de un teclado para representar gestos faciales a fin de transmitir una emoción. En la cultura occidental, la carga emotiva de estos símbolos se refleja fundamentalmente en la boca (por ejemplo, : -) para alegre, : -| para estupefacción, : -( para tristeza, :-/ para duda o confusión y :’-( para llanto). Paralelamente, en las culturas orientales se dio este mismo fenómeno, pero lo habitual era marcar la fuerza emotiva en los ojos (por ejemplo, 0-0 para sorpresa, ^-^ para alegría, ¬-¬ para desagrado, e incluso formas más complejas, como T_T para llanto, u_u para decepción o (~.^) para guiño). Más adelante, y como fruto de la sofisticación de estos iconos, nacieron los emojis, del japonés e («dibujo») y moji (carácter, signo de escritura). Aparte de representar emociones, estos símbolos funcionan a modo de pictograma, ya que representan objetos de la vida real y se identifican con los mismos. Por ejemplo, el emoji de un helado se refiere a un helado. Asimismo, un fenómeno muy característico es que estos emojis pueden desarrollar nuevos significados por asociación, como, por ejemplo: helado > frío, globo > cumpleaños o fuego > deseo sexual. El éxito de los emojis fue tal que todas las compañías de redes sociales y comunicaciones se interesaron por desarrollar e incorporar estos y otros símbolos en sus interfaces. Esto fomentó que todos los usuarios de dispositivos electrónicos se familiarizasen en mayor o menor medida y lo incorporasen a sus actos de habla cotidianos.

Curiosamente, conviene destacar que no todos los emojis se interpretan de la misma manera en las diferentes culturas. El emoji de las manos que aplauden tiene connotaciones sexuales en China; en Irán, Iraq, Nigeria y Afganistán, el emoji con el pulgar hacia arriba que empleamos para expresar aprobación alude a un gesto obsceno que podría equipararse al famoso «siéntate aquí y pedalea»; el emoji de la mano cornutapuede emplearse en el contexto de la música metal como reconocimiento a una buena interpretación, en países como Italia se utiliza para evadir la mala suerte y en muchos países del sur de Europa y América Latina, se emplea como sinónimo de cuernos en el sentido de «infidelidad».

Como se observa, no es posible afirmar que el uso de emojis es fijo e internacional, ya que cada cultura hace sus propias interpretaciones, en las que intervienen factores lingüísticos, sociales, históricos y hasta geográficos. A esto se le añade que cada persona o grupo de personas hace un uso particular de un conjunto de emojis, bien porque su realidad invita a una interpretación distinta a la más extendida. Asimismo, el uso de emojis se encuentra tan difundido en la actualidad, que estos se usan en el ámbito del marketing de forma recurrente y hasta se llegan a observar casos de conversaciones que se desarrollan enteramente mediante el uso de estos símbolos.

Como tal, algunas empresas de traducción se están interesando por este tema y empiezan a ofrecer servicios de traducción entre una lengua y los emojis, y viceversa.  Estos servicios incluirían revisar el uso de emojis en un texto y hacer un estudio acerca de la interpretación que pueda hacer de los mismos la cultura de destino o bien interpretar un texto recibido con emojis o bien elaborar un texto con emojis. Las posibilidades, desde luego, son infinitas. Sin embargo, aún no podemos conocer con exactitud cuál será el alcance de esta moda y si tendrá un impacto aún mayor en nuestra forma de comunicarnos. Así que es posible que estos servicios aparentemente tan estrafalarios lleguen a formar parte de la cartera de servicios lingüísticos especializados del futuro.

 

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