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Todos nosotros hemos visto casos de malas traducciones que nos hacen reír, como por ejemplo en un viaje o en alguna publicación en redes sociales. Mis padres vinieron de visita a España desde EE. UU. y cuando pidieron lo que la carta de un restaurante describía como “salad” (ensalada), les llegó un plato de jamón serrano y aceite sin rastro de hojas verdes. En este, el error no es más que una anécdota divertida.

Sin embargo, un cambio de palabra puede tener consecuencias mucho más importantes. Cuando se trata de un documento jurídico o técnico, una palabra mal traducida puede acarrear graves consecuencias, como el suspenso de una solicitud de patente.

¿Cómo podemos evitar errores de este tipo? Cuando no se conoce la traducción de una palabra, no debe tratarse de adivinar o elegir el término más parecido al idioma original, sino investigar para encontrar traducciones anteriores que nos den una pista y consultar fuentes que sean fiables. Hay buscadores online como Espacenet que contienen patentes muchas veces publicadas en varios idiomas. Herramientas de este tipo son esenciales cuando se traduce un documento especializado.

Otro elemento esencial es incorporar un nativo del idioma de destino en el proceso de redacción y edición. En muchos casos se pueden evitar errores que, si bien para éste resultarían obvios, para alguien no nativo en la lengua de destino no lo serían.

En Montero hacemos todo lo posible para evitar errores y desarrollar un proceso de traducción y revisión que incorpore las herramientas descritas anteriormente. Te invitamos a seguirnos en LinkedIn para ver más sobre lo que hacemos y sobre cómo podemos ayudarte a mejorar la calidad de tus traducciones técnicas. Así estarás seguro de que no dicen “salad” cuando deberían decir “ham”.

 

Fuente: Montero Traducciones

Imagen: Impacting

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