ETIMOLOGÍA OTOÑAL

Conocer el origen de las palabras suscita el interés de muchas personas porque les permite remontarse hasta la génesis de un vocablo e ir desentrañando su evolución a lo largo de la historia según el uso que de este hayan hecho los hablantes. Si bien es cierto que los principios de la semiótica dictan que la relación entre significante (palabra) y significado (concepto) es convencional, casi todas las palabras llevan implícita una asociación ideológica, asociación que no siempre es la misma en todos los idiomas y que proporciona una valiosa información en cuanto a la cultura en épocas pasadas. Por ello, desde el punto de vista interlingüístico, resulta fascinante investigar cuáles son estas asociaciones subyacentes en las etimologías de las palabras que representan un mismo concepto. En esta ocasión, con motivo del reciente equinoccio de otoño, vamos a comparar los distintos orígenes de las voces que se emplean para designar el otoño en varias lenguas.

La voz ОСЕНЬ (rus.), [восень (blr.), осiнь (ukr.), есен (bgr.), jesien (pol.), i.a.] suele vincularse al verbo «осенить» (sombrear, cubrirse algo por una sombra), una idea relacionada con el menor número de horas de luz solar que tiene lugar en esta esta época del año. Sin embargo, parece que su verdadero origen se remonta a la voz gótica «asans», que significaba «cosecha». En efecto, se trata de la temporada en que se recogen los frutos. Por este motivo, otras lenguas han empleado esta misma asociación, véase HERBST (de.), [höst (swe.), høst (nor.), hairst (sct.)], que se encuentra emparentado directamente con el inglés «harvest», procedente del griego «καρπός» (fruto, grano), que llegó al latín en la forma del verbo «carpō» (coger, recolectar), ese mismo verbo con el que creamos la expresión latina «carpe diem».

En español decimos OTOÑO, al igual que en muchas otras lenguas romances [automne (fr.), outono (gal.), autumno (it.), outono (pt.), toamnă (rum.)] e incluso en inglés (autumn), lengua germánica con influencia latina. Aunque su origen exacto es incierto, una de las teorías más extendidas es que procede del latín «auctus, -a, -um» (participio del verbo «augeo», «aumentar») y «annus» («año») en el sentido de «llegada de la plenitud del año» puesto que es la estación en que se observa que la vegetación llega al final de su ciclo.

Por otro lado, otras teorías sostienen que el vocablo deriva del dios etrusco Vertumno, divinidad de los jardines y de las cosechas otoñales. La etimología popular de la época relacionaba este nombre propio con el verbo «vertō» («cambiar») y por ello se le consideraba también el dios de las mutaciones. Como curiosidad, suele aparecer representado junto a su amada Pomona, diosa de la fruta, tal y como describe su nombre, de «pōmum» («fruto»), que dejó palabras como «pomada» y «pómulo» en español o «pomme» en francés.

En la lengua inglesa existen dos palabras distintas para representar este concepto:

AUTUMN y FALL, en donde la primera se usa de forma más extendida en el Reino Unido y la segunda se utiliza mayoritariamente en los Estados Unidos.

Parece ser que antaño los ingleses únicamente distinguían entre «summer» (época cálida) y «winter» (época fría). Posteriormente, apareció la necesidad de designar los períodos de transición de una a otra y empezó a usarse «harvest» en el sentido de «otoño»; no sería hasta el S.XIV que se generalizaría el uso de «autumn». Más tarde, en el S.XVI, los poetas desarrollaron cierto interés en describir las estaciones del año de forma romántica, y terminaron acuñando las expresiones «spring of the leaf» (florecimiento, época en que se echan las hojas) y «fall of the leaf» (época en que las hojas caen) cuyas versiones abreviadas han llegado hasta nuestros días.

Esta idea de «caída» está presente en otras lenguas como en la griega, donde ΦΘΙNÓΠΩΡΟ proviene de «φθίνω» (menguar, caer, marchitarse) y ὀπώρα (fruto).

Un caso muy interesante es el del catalán, en el que la forma latina «autumne» se reserva normalmente para textos de carácter poético o culto. En su lugar, existe un notable predominio, sobre todo en el norte de la provincia catalana, por el vocablo TARDOR, que proviene de «tardança» y este a su vez del latín «tardatio» en el sentido de «la última estación», «la estación en la que el ciclo llega a su fin», una idea que también está presente en la palabra euskera UDAZKENA, («uda» significa «verano» y «azkena», «último»).

Esta palabra en catalán que tan poca relación guarda con sus convecinas convive con PRIMAVERA D’HIVERN, expresión que parece gozar de mayor aceptación en los territorios del sur de Cataluña, así como en Valencia y en las Islas Baleares.

Por otro lado, también existe SANTMIQUELADA, en clara alusión a la fiesta de Sant Miquel, celebrada el 27 de septiembre en l’Alt Maestrat, Valencia. Esto es curioso porque en español también existe la expresión «veranillo de San Miguel» para designar los últimos días de verano y los primeros del otoño en que las temperaturas vuelven a elevarse ligeramente antes de retomar la entrada de la época fría.

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