EL PERFIL PARA LA GESTIÓN TERMINOLÓGICA

El sector de la prestación de servicios lingüísticos está compuesto por profesionales que desempeñan un sinfín de tareas distintas. El proceso comercial de un encargo, desde que se recibe la solicitud hasta que se entrega la traducción final, y continuando después de esta, pasa por un gran número de tareas lingüísticas de distinta índole que son necesarias para obtener resultados satisfactorios, pero también para optimizar los procesos y agilizar los ritmos de producción a corto, medio y largo plazo. Como es sabido, estas tareas no tienen que ver únicamente con las actividades de conversión interlingüística, que normalmente contemplan las fases de traducción, revisión o corrección monolingüe (además de sus respectivos controles de calidad), sino que también comprenden labores administrativas, de comunicación y de gestión de recursos. Conjuntamente, todas estas funciones componen un gran engranaje que constituye la maquinaria actual de la industria de la traducción, sin la cual no se puede entender esta actividad profesional en la era de la globalización y la digitalización. Por supuesto, aunque es habitual hablar en estos términos en relación con las agencias de traducción, la mayoría de los profesionales autónomos también tiene que realizar estas tareas de forma individual o recurriendo a profesionales específicos. Y es que a día de hoy la realidad impone una serie de tareas de gestión necesarias para el correcto mantenimiento de la actividad profesional. Los servicios lingüísticos se están convirtiendo en una necesidad básica para muchas empresas y estas, en calidad de clientes, necesitan la garantía de que su socio de traducción se rija siempre por las mismas directrices y tenga presentes en todo momento los mismos recursos de referencia. Aquí es donde se abre una puerta a diversas nuevas funciones dentro la industria.

Por ello, en el artículo de hoy vamos a hablar sobre uno de estos muchos roles de prácticamente nueva creación pero que tan indispensables se están volviendo para el sector de la prestación de servicios lingüísticos. En concreto, hoy echaremos un vistazo a los perfiles lingüísticos referentes a la gestión terminológica. En otras palabras, hoy abordaremos el trabajo de terminólogo, veremos qué es y cuáles son sus funciones principales.

Para empezar, hay que tener presente que, normalmente, el terminólogo es una figura que no suele existir de forma independiente. Es decir, lo habitual no es encontrarse a profesionales de los servicios lingüísticos que se dediquen a la gestión de terminología de forma exclusiva. Lo normal es que este sea un puesto híbrido desempeñado por los propios traductores y revisores, o bien por los equipos técnicos de las empresas de traducción, junto a tareas complementarias afines, o incluso por el departamento de gestión, según como estén estructurados los procesos y las responsabilidades. Por ello, los terminólogos son profesionales que cuentan con un gran conocimiento técnico y con la sensibilidad que precisan las tareas de correspondencia interlingüística.

En esencia, la labor del terminólogo consiste en llevar la gestión terminológica. Esta puede ser entendida como la gestión a nivel interno o la gestión a nivel externo. La primera, se encargaría de hacer glosarios con preferencias o correspondencias terminológicas que deban tenerse en cuenta dentro de la empresa, normalmente para unificar criterios y que, con independencia del traductor que se ocupe de un proyecto, las decisiones en materia de terminología que se tomen para proyectos de la misma clase sean las mismas. Desde el punto de vista de la traducción externa, los terminólogos reciben las solicitudes terminológicas de los clientes o crean desde cero una serie de pautas a partir de las indicaciones que van recibiendo o de las decisiones que van tomando durante las traducciones. En ambos casos, se encargan de crear glosarios que convierten en bases de datos terminológicas, monolingües y multilingües (con definiciones, instrucciones de uso, explicación de contexto, etc.). Por supuesto, con la creación de estos recursos van implícitas otras tareas, como el mantenimiento de los mismos, las actualizaciones, la limpieza y la fusión. Asimismo, los terminólogos actúan como puente entre los clientes y los traductores, ya que a menudo pueden trasladar dudas desde la parte traductora al cliente para aclarar conceptos o bien deben notificar a los traductores la existencia de una serie de preferencias. Además, aparte de la terminología que surge a partir de determinados proyectos, los terminólogos pueden trabajar en la elaboración de glosarios específicos bajo demanda para un campo de la industria determinado, a través de la investigación de publicaciones de las cuales recoger las correspondencias terminológicas para su uso posterior. En el día a día, los terminólogos están en contactos con expertos en distintas materias, actúan como líderes en equipos de gestión terminológica, preparan seminarios y cursos para enseñar este tipo de tareas a sus compañeros de profesión y, algo muy importante, incorporan estos recursos en las herramientas informáticas de traducción. Esto actuaría como un control de calidad, ya que permite a los traductores comprobar si los términos incluidos en el glosario se han traducido conforme a lo especificado en el proyecto, por lo que se incrementa la garantía de calidad.

Para poder desempeñar estas funciones, los terminólogos tienen que poseer unas habilidades concretas y unos conocimientos específicos. Para empezar, tienen que estar familiarizados con el alcance de la terminología y su aplicabilidad en la industria, así como dominar competencias lingüísticas que comprendan el conocimiento de idiomas, la búsqueda de correspondencias interlingüísticas en corpus y otros recursos y otras capacidades que incluyen las habilidades de comunicación, la organización y la minuciosidad.

En cuanto a los componentes técnicos, este debe desarrollar competencias en el uso de bases de datos y memorias terminológicas, puesto que también se encargará de la alineación de textos para crear corpus de uso interno. En general, es necesario un dominio del software de traducción específicos para la implementación de los recursos elaborados.

La figura del terminólogo es esencial para la evolución de una empresa hacia dinámicas más fluidas, precisas y profesionales, para generar traducciones que garanticen una consistencia mucho mayor y que demuestren un compromiso con los clientes a más largo plazo.

 

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