DIFERENCIAS ENTRE LA TRADUCCIÓN Y LA TRANSCREACIÓN

La naturaleza y el alcance de la traducción, entendida como actividad intelectual, instrumento político y servicio comercial, se han debatido largamente de manera respectiva a lo largo de la historia. En esencia, la traducción es un fenómeno que surge de la necesidad de comunicación por parte de una o más personas que desconocen la lengua con la que quieren interactuar, por lo que, en definitiva, confían en el traductor para reproducir los mensajes de forma correcta, precisa y fiel. Eso es, en muchos casos la traducción es un ejercicio de confianza donde la definición de «precisión» no siempre ha estado claramente establecida. En los orígenes de la traducción escrita (pues las labores de entendimiento entre diferentes pueblos y culturas ha existido desde el principio de los tiempos de la humanidad), la traducción era un ejercicio de suma fidelidad que tenía a la palabra como máximo objeto de significación y a la cual se le debía cierto respeto durante las conversiones interlingüísticas. Así pues, las traducciones de los primeros textos (en su mayoría escritos de relevancia religiosa o política) eran ejercicios de lo que hoy denominaríamos máxima literalidad, donde las frases se traducían en sentido estricto y había poco lugar para cualquier tipo de interpretación. Paradójicamente, este tipo de traducción sobre textos de marcado carácter simbólico o con recursos idiomáticos extranjeros, dio lugar a un fenómeno por el que se percibían desde la objetividad elementos meramente metafóricos, lo cual ha dado lugar a infinidad de malentendidos traductológicos que han arraigado a lo largo de la historia. Por este motivo, se ha discutido ampliamente sobre el alcance y la efectividad de la traducción literaria para ir, poco a poco, dando lugar a enfoques más orientados hacia la naturalización y el dinamismo.

Asimismo, otra de las líneas rojas de la traducción es la de la fidelidad o, en otras palabras, hasta dónde llega la intervención por parte del traductor. Históricamente, es sabido que en ocasiones los traductores más cuestionables alteraban el contenido de los mensajes que traducían con fines económicos, políticos, etc. Si bien esta conducta es reprobable en cualquier contexto, hoy en día sí que se sigue hablando del nivel de intervención por parte del traductor en cuanto a cómo poder reformular el texto para alcanzar los fines pretendidos o incluso identificar si hay un tipo de información que no conviene traducir o que no se va a entender en la cultura de destino y, por ende, que sea preciso omitirla. Desde luego, esta idea sería impensable en algunos tipos de traducción, como la traducción jurídica o la traducción financiera, donde la veracidad y la exactitud en la reproducción son determinantes para que la traducción funcione y pueda ser considerada válida en los sistemas administrativos. Pero, por el contrario, hay casos en los que una traducción tan fiel no es la mejor opción para la audiencia de destino o para la aplicación del texto localizado, es ahí donde el traductor deberá reflexionar sobre qué debe conservar y qué no para alcanzar un resultado satisfactorio. Aquí es donde empieza la transcreación.

La transcreación consiste en adaptar el contenido de un idioma a otro manteniendo el tono, la intención y el estilo existentes. Si bien la traducción creativa incluye gran parte del contenido original, se produce una reelaboración de ideas específicas. En otras ocasiones, esta modalidad será una reinvención completa de su contenido para que suene mejor con una cultura de destino. Ahora bien ¿en qué se diferencia la transcreación de la traducción? En esencia, podríamos decir que la traducción se enfoca en reemplazar las palabras en un idioma con las palabras correspondientes en un nuevo idioma, mientras que la transcreación se enfoca en transmitir el mismo mensaje y concepto en un nuevo idioma sin seguir tan de cerca la estructura original. Para conocer mejor estas diferencias, hemos recopilado las principales diferencias entre la traducción y la transcreación.

En primer lugar, los especialistas en transcreación tienen unas excelentes habilidades de redacción en su idioma nativo. Y es que, en una traducción creativa, lo importante es configurar el texto de forma natural y atractiva, por lo que a veces debe plantearse como una escritura nueva tomando como referencia el contenido original. No es de extrañar que muchos copywriters se dediquen a esta profesión. Por otro lado, a la hora de organizar el proyecto, la transcreación suele ir acompañada de un resumen creativo A diferencia de la traducción, que comienza con un texto de origen, en esta modalidad se suele diseñar un esquema en el que se presenten todos los datos del proyecto, como la imagen de marca que se desea transcribir, el tipo de audiencia al que va dirigido un texto, etc., para que el transcreador pueda acertar con la estrategia más adecuada. En el punto de vista económico, la transcreación puede resultar más cara que la traducción, ya que normalmente se factura por hora en lugar de por palabra, ya que se trata de una actividad cognitiva que precisa mucha más imaginación y reformulación. Se trata de un servicio creativo, más parecido a la redacción publicitaria, el diseño gráfico o la producción de vídeos. Además, el campo de aplicación más habitual es el de los textos de marketing. La traducción está perfectamente bien para el texto informativo, pero cuando el texto está diseñado para provocar una acción en el destinatario, como suele ser el texto de marketing, la transcreación es la mejor opción. Finalmente, cabe destacar que la transcreación es un servicio más amplio que incluye todo tipo de asesoramiento lingüístico para los fines de internacionalización de cualquier cliente.

 

Ref. de la imagen: https://artanddesigninspiration.com/think-outside-the-box/

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